martes, 16 de octubre de 2007

Panamá: contra la occidentalización y el pensamiento único

La televisión cultural y educativa en América Latina tiene muchas ventajas, como la alfabetización mediática, la integración de grupos sociales, políticos y económicamente excluidos como mujeres e indígenas y el aumento de la participación ciudadana en la política local. Este aumento de la participación ciudadana, además de permitir a los habitantes de una comunidad estar informados para poder tomar sus propias decisiones, ayuda a controlar la corrupción de los gobiernos. Desgraciadamente, la práctica de la corrupción es muy frecuente en los países en vías de desarrollo (y uno de los muchos motivos por los que nunca llegan a desarrollarse del todo y se quedan en la fase de “en vías”).
Por otra parte, la televisión “convencional”, aquella que llega vía satélite desde occidente a las casas de países con una cultura diferente (ya sea indígena, tribal…), está teniendo un efecto negativo sobre esas culturas y sociedades: la occidentalización.
Aunque son muchos los indígenas que conservan sus costumbres, ceremonias y prácticas rituales (por ejemplo en Panamá) la influencia occidental está cada vez más presente y latente a causa de la globalización, la internacionalización y la mundialización cultural. Los medios de comunicación, y en especial la televisión, han creado en este sentido una especie de cultura industrial de masas y un pensamiento único, acrítico, que convierte al espectador pasivo en un objeto meramente mercantilista (es decir, en una mercancía) sin capacidad de opinar y decidir, sin ser crítico con lo que ve, lee o oye.
Por los motivos expuestos arriba, pues, se hacen cada vez más imprescindibles propuestas como las de FETV (Fundación para la Educación en la Televisión) en Panamá. Ésta es una televisión alternativa y autónoma, que no depende de ningún gobierno, ni de la iglesia, ni de ninguna empresa capitalista tradicional (puesto que es una fundación) que busca el máximo beneficio por encima de todo, incluso de los derechos humanos. Según su presidente, esta televisión pretende no pensar por ni para, sino con la gente (es decir, fomentar el pensamiento crítico). Su misión es educar, elevar la cultura de los espectadores y entretener sanamente con una programación y una producción de calidad. Promueve la información, la orientación y el diálogo (los programas en vivo son interactivos), y también promueve los valores religiosos y las escrituras sagradas.
Sin duda me parece un excelente trabajo, sólo tengo una pequeña crítica. Y es que me ha parecido bastante sorprendente y contradictorio que se promuevan las escrituras sagradas y el pensamiento crítico a la vez. Esto me parece una paradoja, una contradicción. Es, por supuesto, una opinión total y absolutamente personal, y puede que esté equivocada, pero para mí (y que conste que he ido a un colegio religioso, concretamente de monjas francesas, durante 12 años) la religión no promueve el pensamiento crítico sino más bien lo contrario. Promueve la resignación, el conformismo con la vida presente, por muy mísera que sea, puesto que así se nos promete el paraíso. Soy, por lo tanto, de la opinión de Kart Marx de que “la religión es el opio del pueblo”.
Pero como decía, esto es simplemente una opinión personal, tan respetable y criticable como cualquier otra.

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